Kind hearts are more tan coronets, and simple faith than Norman blood, los corazones afables son más que las coronas, y la fe sencilla más que la sangre normanda, dice un poema de Tennyson que dio título a una de las comedias más celebradas de los Ealing Studios, Kind Hearts and Coronets (aún no la he visto, pero me gustaría, aunque dicen que sólo la entienden los británicos). Estos versos me valen de percha para iniciar esta crónica donde, si algo puedo destacar, es la afabilidad de tantas personas que han poblado mis días, más que la sangre normanda (pues todavía no he conocido a ningún descendiente de William the Conqueror). Hace dos viernes tuve la suerte de cumplir treinta y seis años en estas islas, y no estuvo nada mal, he de decir.
 |
| Shaz, Tato y yo en una boulangerie de Hampstead |
Aquel día, viernes, decidí que no iba a dar un palo al agua; es más, iba a dejarme sorprender por lo que me deparase el día. Después de ir a Misa, donde fui monaguillo, y de meterme un desayuno netherhalliano entre pecho y espalda, fui a la sala de estudio de la residencia universitaria y planté allí mi portátil, con el vano autoengaño de que iba a trabajar. Pero enseguida apareció Shaz, un pakistaní que vive conmigo y que es algo hiperactivo, diciendo que necesitaba un café. Le respondí que podía tomarme uno con él, y me salió con que —ya que era mi cumple— teníamos que ir a una buena cafetería de Hampstead. Dicho y hecho: fuimos a la Boulangerie Bon Matin, donde pedimos unos cafés bien aderezados de cosas, cuando llegó Tato, un viejo y querido amigo que habitualmente vive en Japón, pero que estaba pasando unos días en Netherhall. Para quien no le conozca, he de decir que Tato es la persona más animada y alegre que he conocido nunca: es incluso capaz de arrancarle una sonrisa a la camarera de una boulangerie de Hampstead, y así lo hizo. Se puso a cantar el cumpleaños feliz en el local y a jalearle al niño que teníamos al lado por el pedazo desayuno que se estaba zampando. Todo un prodigio. Completamos la mañana en Hampstead como los lugareños más posh, comprando unas flores para llevarle a la Virgen de Netherhall y una botella de buen vino para celebrar.
 |
| Guinness y fish and chips en Marlborough Arms |
El resto del día fue también alegre. Quedé a comer con Jaime, a quien he mencionado en crónicas anteriores, en el pub Marlborough Arms, cerca de Russell Square, en el pintoresco barrio de Bloomsbury: allí brindamos con pintas de Guinness, y yo me incliné por un clásico y grasiento fish and chips, que estaba muy delicioso. Estuvimos charlando un rato y, después, fui a visitar a Javier, el hombre del que hablé en la anterior crónica, que pasa en casa sus últimos días a causa del cáncer (más bien semanas, pues es un hombre muy fuerte). El final de la tarde fue coronado por un repertorio de cervezas embotelladas de primer nivel (absténganse los que sólo les gustan las rubias) que Peter y yo habíamos comprado el día anterior en el Sainsbury’s cercano. En el festejo estaban los residentes de Netherhall más algunos numerarios del Opus Dei que habían acudido ese fin de semana a la residencia para una convivencia de formación. Hubo, pues, mucha cerveza, una tarta gigante con mucha nata y, why not, un toque de cultura: Andrew leyó un poema manuscrito en el que aparecíamos Father Nick —quien también cumplía ese día— y yo, y Simon tocó al piano algunas piezas del famoso Ludovico Einaudi. Como decía Tennyson, Kind hearts are more tan coronets, and simple faith than Norman blood.
 |
| Con Dionisio y Jaime frente a Merton College |
Quise prolongar un día más la celebración, y el sábado propuse a los lugareños de Netherhall hacer una excursión en tren a Oxford. La convocatoria no tuvo excesivo éxito, pero al menos fuimos tres los oxonienses: Dionisio (un mexicano muy simpático a quien tomo el pelo llamándole Dionisio el Areopagita, como el gran sabio de la Antigüedad) y Jaime. Tren desde la estación de Marylebone hasta Oxford, muy cómodo, y allí no paramos de caminar: paseamos por los meadows próximos a Christ Church College, nos colamos en Merton College (cuya capilla, impresionante, estuvo proyectada para ser la catedral de Oxford, aunque el proyecto se frustró), y fuimos al Covered Market a tomarnos unos bocadillos de salchichas cumberland. Por la tarde quedamos a tomar algo caliente en The Grand Café, un lugar de lo más clásico y casposo de Oxford, en el mejor de los sentidos; allí se nos unió Víctor, un profesor veterano de Pamplona que suele pasar temporadas en esta ciudad, ya que es uno de los mayores expertos sobre la faz de la tierra en John Henry Newman (casi todo lo que se ha publicado de Newman en español lo ha traducido él). Haciendo gala de una singular afabilidad, mezcla de sequedad pamplonica y cortesía británica, Víctor nos metió en las tripas de Oriel College, así como en la Divinity School, de un gótico tardío despampanante. Siempre que voy a este lugar me gusta detenerme en la inscripción escrita en griego sobre un libro de piedra que hay la entrada, y que mi amigo Luis supo traducirme en una visita que hicimos en noviembre. Es de san Lucas: “lo encontraron sentado en medio de los doctores”. Yo también comparto la esperanza de que en medio del estudio llevado a cabo con la seriedad que merece uno llegue a encontrar a Cristo sentado.
 |
| "Lo encontraron sentado en medio de los doctores" |
Remato esta crónica londinense con algunas pinceladas de otros acontecimientos destacables. El martes pasado quedé a comer con George, un inglés muy inglés de quien me hice amigo hace ya diez años en estas tierras, dada nuestra común pasión por el cine. Me hizo mucha ilusión ponernos al día y saber que está bien. También ha habido un poco de arte y belleza esta semana: fui con Mathieu a una conferencia sobre “Bach y la Belleza” en la biblioteca Senate House, muy interesante, y el sábado por la mañana acudí entusiasmado a la casa museo de Sir John Soane, un lugar tal vez poco conocido pero muy recomendable de visitar. El arquitecto Soane, uno de los más célebres en la Inglaterra de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, llenó su casa con una colección inmensa de pinturas, ruinas del mundo antiguo y buen gusto.
 |
| Comprando unas flores por el barrio |
 |
| La impresionante capilla de Merton College |
 |
| Adentrándonos con Víctor en Oriel College |
 |
| En John Soane's Museum |
 |
| La colección de John Soane |
No hay comentarios:
Publicar un comentario