Transcendence for beginners, trascendencia para principiantes, es un libro que compré hace unos meses y he traído conmigo a Londres, con la esperanza de que pueda aportarme alguna idea sobre lo que he venido a investigar. La autora es Clare Carlisle, profesora de filosofía del King’s College, mi universidad de aquí. Cuento esto porque el lunes de la semana pasada acudí al número 18 de Lincoln’s Inn Fields, a una elegantísima casa en cuya planta superior hay un auditorio donde iba a tener lugar una conferencia de la profesora Carlisle relacionada con el libro mencionado. El encuentro lo organizaba una institución llamada Temenos, dedicada al estudio de las religiones. Los asistentes eran numerosos, casi todos por encima de cincuenta años, incluso de sesenta, diría; casi todos ellos anglosajones. Al comenzar el encuentro, el profesor encargado de la presentación encendió una vela junto al atril de la conferenciante, explicando que era propio de los encuentros de Temenos. Después siguió la conferencia de la profesora, que resumidamente trató sobre la experiencia religiosa vista desde el hinduismo, y sobre una especie de santo hindú de la primera mitad del siglo XX, Ramana Maharsi, quien se retiró a vivir a una cueva en el monte Arunachala cuando apenas tenía dieciséis años. Tras la conferencia hubo un turno largo de preguntas que, más que de académicos, parecían de un grupo de devotos de Ramana.
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| La catedral de Winchester |
Al salir de la conferencia, Jaime, quien me acompañaba, y yo nos quedamos un rato comentando lo que acabábamos de presenciar. Yo le dije que lo de la vela no me había gustado un pelo, pues le daba a aquello un aire esotérico nada tranquilizador. Me dijo que a él tampoco. Luego, comentábamos, nos parecía llamativo que aquella gente tuviese semejante fascinación por la sabiduría hindú, y renegasen del cristianismo tachándolo de religión dogmática y autoritaria, o poco menos. Me vino a la memoria un breve texto de Chesterton que leí durante la carrera, titulado “El templo inacabado”, donde el autor explica que en muchos lugares el cristianismo ha quedado arrumbado, como un templo inacabado, es decir, como un proyecto a medias al que no se le ha permitido desarrollarse, y se piensa, algo ingenuamente, que lo que hay es todo lo que podía dar. No quiero juzgar a los asistentes a la conferencia, pero me dieron la impresión de ser personas de clase más bien alta, tal vez con una educación donde la religión había ocupado un lugar ínfimo: un protestantismo diluido, unas pocas costumbres y ya. Parece razonable, entonces, que miren hacia la India como la fuente genuina de la espiritualidad. Qué pena, pensé, quedarse con una religión donde las personas son como espejismos que han de fundirse en un único principio divino. Me quedo con la esperanza de mi fe: que la muerte no será el final, que todos resucitaremos, nos abrazaremos y nos contaremos cómo nos ha ido, y Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos.
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| Una tarde soleada en Hampstead Heath |
Más allá de los hinduistas ricachones, puedo decir que el tema de la trascendencia se ha traducido en varias cosas de los últimos días. El martes de la semana anterior a la conferencia mencionada fui a otra conferencia, más estándar, organizada por el Instituto Tomístico (es decir, de santo Tomás de Aquino) en la sede de los jesuitas en Farm Street. El ponente era un venerable profesor del University College Dublin, Fran O'Rourke, que venía a hablarnos sobre la cuestión de la belleza en Aquino y en el escritor irlandés James Joyce. Como me dijo una vez una profesora de la carrera, no lo olvidaré, ¡eso sí que es mezclar churras con merinas! Pero, en el fondo, hay una relación, pues Joyce tuvo una sustanciosa formación tomística y, claro, siendo literato el tema de la belleza era de sus preferidos, como se puede apreciar en su novela
Retrato del artista adolescente. Al terminar la sesión hubo una animada ronda de preguntas y, cuando el profesor estaba para salir del edificio, me acerqué a él para darle las gracias por la conferencia. Entonces, inesperadamente, se me acercó uno de los organizadores y me preguntó si quería ir a cenar con ellos, pues tenían un sitio libre. Acabamos el profesor O’Rourke y otros cuatro en un acogedor restaurante italiano de Mayfair, contándonos chascarrillos y pasando un buen rato. Le dije al profesor que me encantaba la película
Dublineses de John Huston, basada en un relato de Joyce, y en especial la canción que se canta en ella,
The Lass of Aughrim. Le dije que había escuchado muchas veces un vídeo de YouTube en el que dos señores interpretaban dicha canción, uno a la guitarra y el otro cantando. Cuál fue mi sorpresa, el profesor me dijo que él era uno de los dos, el que cantaba (dejo
aquí el enlace).
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| Afternoon tea en Arlesford, cerca de Winchester |
Cuando escribo estas líneas y pienso en la trascendencia, me vienen a la cabeza dos lugares que he visitado recientemente. El primero de ellos es la catedral de Winchester, una pequeña ciudad al sur de Inglaterra adonde fuimos de excursión Pablo, Stefano y yo hace dos fines de semana. Es sobrecogedor entrar en ese lugar y levantar la mirada hacia sus altísimas bóvedas, surcadas por incontables nervios, y ver la luz entrando por sus vidrieras. Tal sobrecogimiento había que asimilarlo de algún modo, así que después de la catedral paseamos hasta una colina próxima a la ciudad —St. Catherine’s Hill, con buenas vistas— y más tarde, cómo no, recalamos en un simpático pub (The Bishop on the Bridge, para más detalles) a degustar una meat pie con una buena pinta. También fuimos a saborear un afternoon tea al cabo de un rato. El segundo lugar que saco a la palestra es la iglesia a la que he acudido los últimos dos domingos, el primero de ellos con mi amigo Nacho, que pasó recientemente unos días en Londres: el Brompton Oratory. A mi pregunta sobre qué le había parecido la Misa, Nacho me respondió que le había encantado: “Muy mística”, me dijo. Digamos que los del Oratory sí que ofrecen una buena trascendencia para principiantes: la Misa solemne del domingo a las 11 es, casi casi, una demostración estética de la verdad del cristianismo.
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| El Brompton Oratory, a la salida de Misa de 11 |
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| Con Nacho en el balcón de la National Gallery |
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| Fogata con los residentes de Netherhall el viernes pasado |
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| La casa de Sigmund Freud, cerca de Netherhall, una mañana soleada |
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