Hace dos días, el viernes por la noche, fui invitado por Jake a un cinefórum en el Oratorio de Londres, Brompton Road, en una casa —situada junto a la célebre iglesia neo-barroca— de techos altísimos, moqueta de un grosor desmedido y estanterías de libros polvorientos que llegan hasta arriba. En ese lugar tan noble y solemne iba a tener lugar una proyección casera de la película Mars Attacks!, dirigida por Tim Burton en los noventa, precedida por una cena compuesta por patatas de bolsa, un pastel salado de cebolla y maíz, mince pies y refrescos variados. Nos reímos mucho viendo la alocada película, parodia de las películas americanas sobre extraterrestres de los años cincuenta. He de decir también —lo digo con cariño, sin mala leche— que los jóvenes católicos que encontré en el lugar me parecieron singulares: educados, amables, con un sentido del humor marcadamente británico y una forma de vestir algo desfasada. Nadie es perfecto, como diría Billy Wilder. Cuento la anécdota como arranque de esta crónica londinense, pues jamás hubiera imaginado que a pocos días de llegar a esta ciudad iba a participar en un plan tan original.
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| El avión en el que viajé a Londres, en el aeropuerto de Barajas. |
Aterricé hace sólo una semana en Londres, como los marcianos de la película, pero tengo la extraña sensación de que llevo aquí un periodo indefinido que podría oscilar entre uno y varios meses. Esto se debe, seguramente, a que es la quinta vez que vengo a Inglaterra a hacer una estancia larga, y todo tiene para mí un aire familiar, aunque cada día me trae experiencias nuevas. La razón de mi aventura londinense es una estancia de investigación en King’s College, una universidad en la que pasé dos veranos durante mi tesis doctoral, allá por 2017 y 2018, también investigando. Como en aquellos veranos, cuento con la supervisión de Catherine, profesora y vieja amiga, que me ha acogido en su universidad como Visiting Scholar, el nombre no suena nada mal. Mi entrada en King’s College, por así decir, fue al día siguiente de aterrizar: me dieron una lustrosa tarjeta donde pone Staff, personal, que me permitió pasar aquella misma tarde trabajando en la gran biblioteca universitaria, de estilo neogótico, la Maughan Library. Al entrar en aquel edificio y sentarme en una de sus mesas de color gris azulado tuve la impresión de volver al pasado, a los días en que escribía mi tesis y leía sobre el cine Terrence Malick. También sentí un cierto vértigo al pensar que he venido para estar seis meses, y no dos, como sucedía aquellos veranos.
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| Chancery Lane, la calle donde está la biblioteca de King's College. |
A lo largo de esta primera semana se han sucedido una serie de encuentros tan agradables como sorprendentes, y por los que estoy muy agradecido. El martes quedé a comer con Jaime, un amigo a quien conozco de algunos encuentros en Madrid y en la Universidad de Navarra. Está estudiando un máster en el Warburg Institute, muy cerca de Russell Square, y me invitó a comer con él ese día. Iba yo tan contento al lugar cuando salió Jaime a recibirme, y lo primero que me preguntó es si había traído mi sándwich. Yo le dije que no, que pensaba que íbamos a comer a algún sitio; y entonces me acordé de que el concepto de lunch, comida, es bastante escurridizo en estas tierras de los anglos, y que nunca hay que dar por supuesto que la comida vaya a tener entidad alguna. Fuimos a un tenderete cercano donde unos simpáticos libaneses nos prepararon unos shawarma (algo similar a un burrito) bastante sabrosos, que nos comimos en una de las salas comunes del Warburg, mientras nos poníamos al día de nuestras vidas.
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| Autorretrato frente al Warburg Institute. |
Otro encuentro memorable tuvo lugar el jueves, pues asistí a una conferencia en la Senate House Library, una inmensa biblioteca también cercana a Russell Square, impartida por mi vieja amiga Catherine sobre la serie Adolescencia. Fue una sesión tremendamente interesante sobre cómo esta serie plasma la comunicación (o falta de comunicación) entre padres e hijos, y sobre cómo el intercambio de palabras entre dos personas puede conducirlas a un cierto conocimiento, pero no tan fácilmente a un reconocimiento. Al entrar en la sala donde tenía lugar la sesión, no muy grande, saludé a Catherine, y enseguida la estudiante que estaba a cargo de la organización me preguntó a quemarropa si quería ir a cenar con los profesores, pues se habían caído algunos invitados. Yo le dije que sí, y al final fuimos cuatro los invitados que terminamos cenando en un estupendo restaurante italiano donde habían reservado una mesa: Da Paolo, en el barrio de Fitzrovia. Si bien enseguida me di cuenta de que los cuatro comensales —Catherine, un profesor casi jubilado de la universidad de Birckbeck, un estudiante de postgrado de filosofía con melena a lo heavy metal y uñas pintadas, y yo— éramos muy diferentes, enseguida entablamos una entrañable conversación donde hablamos de nuestras experiencias como profesores, la filosofía de Spinoza y los churros con chocolate de San Ginés, en Madrid, que el anciano profesor recordaba embelesado.
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| Autorretrato, esta vez no es mío, en la National Gallery. |
No quiero alargar más esta crónica, para no abusar de la paciencia del lector. Dejo en el tintero otros planes memorables de la semana, como la entrañable comida de este viernes en Orme Court, la casa central del Opus Dei en Gran Bretaña, y la visita a la sección de pintura renacentista de la National Gallery el sábado por la mañana en compañía de Mathieu, uno de los estudiantes que viven en Netherhall, la residencia universitaria donde vivo. Como dirían en la famosa película La batalla de Inglaterra, que de pequeño me tragué infinidad de veces: the battle of France is over, the battle of Brittain is about to begin!
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| La Maughan Library, la biblioteca de King's, por dentro. |





Dear Pablo! Qué alegría más grande me ha dado leer tus noticias en la City, espero que sigas disfrutando de tan buenas experiencias como hasta ahora. Espero que podamos vernos pronto.
ResponderEliminarA big huge!
Muchas gracias por tus comentarios, Paco. ¿Qué tal estás? Me acuerdo de ti desde London y te mando un fuerte abrazo.
EliminarBravo, Pablo! Sigue contándonos cosas. Tal vez vaya yo en verano, ya te diré
ResponderEliminar¡Muchas gracias, don Jorge!
ResponderEliminarEse punto divertido, random y entrañable... Qué interesantes tus viajes, Pablo.
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