Es mi cuarto verano consecutivo en Inglaterra, quién lo diría. Tal vez sea yo el único sorprendido, pues algunos en Madrid me dicen que la vida del académico no es otra cosa que una “vida pirata”, dedicada a surcar los mares, beber en abundancia y atesorar botines. Me lo crea o no, ya estoy de vuelta en la isla. No me atrevo a decir que estoy en “Londres”, pues tanto mi vivienda como mi universidad están situadas en los confines del llamado Greater London, según verá el lector en lo que sigue. La falta de tiempo en la planificación del viaje (y de dinero) me ha conducido a este pintoresco mundo del extrarradio, que tiene “un color especial”, como decía la canción. Vivo en un barrio llamado Hounslow, en casa de mi amigo Wency, a quien conocí hace tres años durante mi primera visita larga a Gran Bretaña. Él es algo mayor que yo, y de orígenes completamente distintos (un tercio indio, otro tercio keniano y otro inglés), pero compartimos la espiritualidad del Opus Dei y todo lo que ello conlleva, además de la amistad.
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| Martindale Road, una de las calles de Hounslow |
Mis primeros días en Inglaterra han sido muy variados. El sábado, nada más llegar al aeropuerto de Heathrow, cogí un metro hacia Hounslow y ¡en tres paradas! allí estaba. Wency me invitó a un café y estuvimos charlando un rato, poniéndonos al día. Me animó a que fuera aquella misma tarde a Netherhall, la residencia universitaria donde he vivido durante los últimos dos veranos, a saludar a la gente de allá y disfrutar con ellos de la final de la Champions. El lector que conozca un poco al que suscribe se habrá dado cuenta de que aquel era un plan condenado al fracaso, dado mi poco (quizá inexistente) interés por el fútbol. Ciertamente, no vi mucho del partido, pero sí pude hablar con algunos de los residentes que ya conocía –como Alex, Álvaro, Dominic o Father Dancho– y saludar a algunos nuevos, incluido Quique, un universitario de Madrid a quien ya conocía. Alejandro, un chico argentino que estaba pasando unos días en casa de Wency, me acompañó en el largo regreso en metro hasta Hounslow, donde nos encontramos a algunos hinchas eufóricos del Liverpool que aporreaban las paredes del metro como si no hubiera mañana.
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| Suculenta comida de domingo, en el jardín de Wency |
El domingo me levanté más tarde y desayunamos en el jardín: tostadas, jamón, mantequilla sin serlo (“just like butter” dice la caja) y mermelada de naranja amarga, ingrediente inexcusable en todo desayuno inglés. El sol asomaba entre las nubes y hacía cierto calor. Más tarde fuimos a Misa de media mañana a la iglesia católica de Ss Michael and Martin, todo un espectáculo. Las misas en esta iglesia son un asombroso encuentro de culturas: hay africanos, asiáticos e incluso algún inglés, pero los más numerosos son los indios. Y dado que la fe es sustancia, es decir, fundamento que no se ve (como dice la famosa definición de la Carta a los hebreos), lo que sí se ve choca bastante con la piedad de un español del Norte: la gente va a las estatuas a tocarlas una y otra vez, a encender velas y más velas a sus pies; también son más frecuentes las reverencias, los gestos; y, sobre todo, lo que nunca falta son las canciones. Con una mala pianola como acompañamiento, la gente canta a pleno pulmón y con mucha alegría. “We come to share our story, we come to break the bread”, cantaban.
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| Encuentro de culturas en la iglesia católica de Hounslow |
Para terminar, quisiera darle al lector algunas pinceladas sobre mis primeros dos días en la universidad, llamada Brunel University. Ayer llegué, por primera vez, a las diez de la mañana, después de hacer medio trayecto en metro y otro medio en un autobús donde una mujer –a la que casi le faltaban todos los dientes– me preguntó sonriente de dónde venía y me contó algo sobre sus vacaciones de niña haciendo camping en los pueblos de Francia. En la universidad fui recibido por un tal Stuart, quien me hizo un tour por el extenso campus universitario y me dio algunos consejos prácticos. También conocí a Veronica (Ronnie), con quien me he estado escribiendo estas últimas semanas. Puesto que soy doctor y visiting research fellow (ahí queda eso), puedo trabajar en una sala para profesores extranjeros, junto a la cual hay una cocinita donde te puedes hacer un café. Allí conocí ayer a Masahiro, un japonés muy simpático que se sienta a mi lado mientras investiga en sus cosas. Y hasta aquí por ahora. Es verdad que me dejo historietas en el tintero, pero no quiero agotar la paciencia del lector que haya llegado hasta aquí.
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| Tarjeta de visiting research fellow en Brunel University |
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| La cocinita de los investigadores, junto al despacho de trabajo. |
Interesante pablo...yo vivi en Hounslow unos meses...en casa de los Jones, que conoci aqui en el colegio. Un poco lejos...pero tranquilo. Abrazos
ResponderEliminar¡Muchas gracias Alfonso! Sí, está un poco lejos de todo, aunque mi universidad también. Poco a poco me iré haciendo... ¡Un abrazo!
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