domingo, 19 de junio de 2016

Café y carrot cake en Grandpont House

Ha transcurrido ya una semana desde mi última ristra de anécdotas oxonienses. Una vez más, el chorizo resultante de estos últimos días es largo, pero me gustaría contar algunos de los chascarrillos más destacables. Como nota general, puedo decir que han sido días fuera de lo ordinario: la vida me ha llevado a lugares nuevos y fantásticos, donde he conocido a personas dignas de mención.

La capilla de Exeter, inspirada en la Sainte Chapelle
Todo comenzó el lunes, como suele pasar. Aquel día tuve mi segunda cita con un honorable académico de Oxford. Esta vez no se trataba de un filósofo –como lo era mi anterior interlocutor–, sino de un profesor de cine perteneciente a la English Faculty. También esta vez estaba nervioso, y traté de repasar algunos textos y tomar notas para preparar la entrevista; y, también como la vez anterior, las relecturas y notas sirvieron de poco, pues la entrevista fue más espontánea y grata de lo que esperaba. Andrew, así se llamaba, me recibió en su despacho. La entrevista fue bien: me hizo gracia el fuerte contraste con el anterior profesor –más bien seco y distante–, ya que Andrew hablaba en un tono alto y gesticulando de forma exagerada. Un hombre simpático, la verdad.

Ese mismo día acudí a un encuentro también destacable. Daniel, uno de los estudiantes que vive conmigo en Granpont, me había invitado a la cena de final de curso de los companions de la Orden de Malta. En resumidas cuentas, se trata de una asociación solidaria de estudiantes que ayuda a personas sin techo, ancianos, discapacitados, etc. El lunes organizaron una Misa votiva de san Juan Bautista –su patrón– seguida de una suculenta cena al más puro “estilo Oxford” –pajaritas, reverencias y hasta un caballero de Malta de carne y hueso– en el comedor de St Benet’s Hall, el college –por así decir, pues un hall es algo más pequeño– de los benedictinos en Oxford. Allí acudí acompañado de Alex, quien me presentó a su amigo John: resultó que los tres nos sentábamos bastante cerca los unos de los otros en la larga mesa de la cena, así que pudimos hablar largo y tendido. La cena concluyó con una rifa benéfica –y alcohólica, pues los premios eran botellas de champán, vino y otros licores, que un fraile rubicundo y bonachón repartía– y el rezo cantado de completas; he de reconocer que esto último me dejó un poco "KO".

Con Daniele, el la Divinity School
El martes fue otro día especial. Unos días antes había planeado un viaje en autobús a Londres. Quería reunirme con algunos otros miembros de la Obra para cenar juntos, rezar y tener una tertulia en Westpark, un centro del Opus Dei que hay a las afueras de Londres, en Ealing Common. Fue un plan muy agradable y, al concluir, fui a casa de Wency, quien me acogió en su casa para dormir esa noche. Tal vez el lector haya escuchado alguna vez aquello de que el Opus Dei es una familia: he de reconocer que yo lo viví de un modo patente el martes, cuando Wency me acogió en su casa y se volcó con muchos detalles de generosidad. El martes regresé a Oxford, acompañado de Daniele, un italiano que vive cerca de Westpark. Aquel era su día libre, y nos fuimos a dar un buen paseo por Oxford, acompañados por Father Dancho: comimos unas tradicionales salchichas con guisantes y pinta de cerveza en The Mitre, visitamos varios colleges –Christ Church, Exeter, Oriel…– y acabamos el paseo con unas tazas de café y un pedazo carrot cake en Grandpont.

El comedor de Exeter College
Por lo demás, la semana ha seguido la rutina marcada de estudio, a excepción del viernes y el sábado. Santiago, un viejo amigo de Pamplona, vino a Oxford a pasar un par de días, acompañado por otro antiguo de la Universidad de Navarra. Fue una buena ocasión para reunirnos algunos “ex–navarros” que vagamos por Oxford durante estas semanas, y así enroscarnos la boina un poco. Fuimos a cenar fish and chips a un clásico de los estudiantes oxonienses, el “Four Candles”; lo mejor es que la cosa no acabó ahí: Ernesto –otro antiguo de Navarra– sugirió tomar unas pintas en la Oxford Union –de la que él es miembro–, la famosa asociación de debate de la Universidad.

Como repunte añado que hoy, domingo, he visitado con otros dos de la casa un pueblecito de Oxfordshire llamado Beckeley. Una vez al año, los pueblos ingleses abren sus puertas a los foráneos, en lo que llaman “open day”. Es un plan agradable poder pasear por esas calles estrechas, visitar los jardines aderezados para la ocasión –el orgullo de todo buen británico– y, cómo no, rematar la tarde con una taza de té.

Termino el relato de hoy con una ristra de instantáneas de esta tarde en el "open day" de Beckeley:

Uno de los jardines del pueblo
El clásico cottage o casa de campo
Boleto de la suculenta rifa del pueblo
Un gracioso organillo mecánico que tocaba canciones populares

4 comentarios:

  1. Me siento participe de esta gran experiencia inglesa y universitaria. Qué grandes momentos suponen leer tus posts. Aprovecha Pablo y mantennos al dia!!
    PMSC

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  2. Me siento participe de esta gran experiencia inglesa y universitaria. Qué grandes momentos suponen leer tus posts. Aprovecha Pablo y mantennos al dia!!
    PMSC

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  3. Grande Pablo. Qué gran relato. Veo buena pluma. ¿Has encontrado algo parecido a un van Gogh café?
    Un abrazo

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  4. Grande Pablo. Qué gran relato. Veo buena pluma. ¿Has encontrado algo parecido a un van Gogh café?
    Un abrazo

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