La tercera hornada de historias cocinadas en las callejuelas y colleges oxonienses ya está lista. De hecho, es para mí casi una necesidad ponerme a escribir algo ya para el atento lector, porque son tantas las anécdotas que la bandeja está a punto de desbordarse.
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| Oriel College, con St Mary al fondo, en un paseo |
Comenzando por lo académico, puedo decir que el miércoles pasado tuve mi primer encuentro con un profesor de Oxford: su nombre es Stephen Mulhall. Se trata de un profesor de filosofía con el que contacté gracias a un libro suyo que pude ojear el curso pasado –y que a día de hoy he leído en gran medida–, titulado On Film, sobre las conexiones entre la filosofía y el cine. El profesor Mulhall –cuyo apellido, gracias a Dios, no tuve que pronunciar en su presencia: después de haberlo ensayado varias veces no me acababa de salir bien– me recibió en las habitaciones de su college: New College. He de reconocer que aquel día estaba un poco nervioso desde la primera hora. Quince minutos antes del encuentro, me encaminé hacia New College, donde un amable portero me explicó cómo llegar hasta las habitaciones del profesor y, al ver mi cara de póquer, me dio un pequeño mapa. Así que ahí me presenté: el profesor Mulhall me recibió muy cortésmente y empezamos a hablar… Una hora y cuarto después, el profesor insinuó que tenía algún quehacer pendiente, es decir, que me invitaba a marcharme. Fue una conversación fructífera, eso me pareció, y espero poder volver a visitarle. Lo único a lo que no me acostumbré fue a su frialdad en el trato; como decían en la famosa comedia de Billy Wilder (Con faldas y a lo loco): “Nadie es perfecto”.
Pocas novedades puedo añadir en lo que se refiere a mis faenas de investigador: horas de estudio, y más horas: es a lo que he venido. Tal vez se pregunte algún lector si al que suscribe no le va a estallar un día la cabeza de tanto leer… Dios me libre, pero, por si acaso, esta semana he intentado tomar algo de aire entre paseos y otras válvulas de escape. Entre ellas, no puedo dejar de mencionar el recital de órgano al que asistí el jueves en la capilla de Merton College. Es lo que tiene esta pequeña ciudad: de camino a la biblioteca, al pasar por delante de algunos colleges, suelo fijarme en los carteles que anuncian conciertos, vísperas, coros… Me decanté por este recital –porque era gratuito, principalmente– y la verdad es que mereció la pena. Otra incursión destacable fue la comida del viernes en Nuffield College, donde fui invitado por Javier, quien ha pasado unos días en Grandpont House.
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| La tumba de J.R.R. Tokien y su mujer: Beren y Luthien |
La mañana del sábado, que yo había hipotecado ya para fines académicos, dio un giro inesperado: durante el desayuno –al que espero dedicar, al menos, un párrafo en próximos episodios– Father Ruben me propuso hacer una excursión mañanera al cementerio donde está enterrado J.R.R. Tolkien, a una hora de distancia a paso ligero. Me pareció toda una oportunidad, y allí fuimos. Al final, la excursión resultó ser una peregrinación en toda regla, con rezo del rosario de camino, acudiendo a la intercesión del venerable Tolkien. Nos costó un poco encontrar la tumba, pero la encontramos: en la lápida están escritos los nombres cristianos de Tolkien y su mujer –también enterrada allí– y, debajo, otros dos nombres: “Beren” y “Luthien”. Se trata de una bella historia que Tolkien recogió en El Silmarillion, sobre el amor entre un hombre mortal (Beren) y una elfa inmortal (Luthien).
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| Street party por en la iglesia del Oratorio |
Concluyo mi retahíla de “sabrosidades oxonienses” con un relato notable, digno de mención en esta tierra de Albión. Ayer, segundo sábado de junio, todo el Reino Unido, la Commonwealth, la Iglesia de Inglaterra y los británicos de la diáspora celebraron el “cumpleaños oficial” de la Reina Isabel –realmente es en abril–. Esta mañana he ido a la Misa solemne en la iglesia del Oratorio, en St Giles Street, y he quedado gratamente sorprendido por el cariño que tienen los ingleses –los católicos no son menos en este aspecto– a su monarca. La homilía ha tratado casi exclusivamente de la Reina, hemos rezado una oración especial por ella y, a la salida de la iglesia, los padres oratorianos habían organizado una colorida street party para festejar el acontecimiento. En Grandpont también hemos querido dar un toque festivo a la comida, brindando por la Reina: para que reine muchos años más (Long to reign over us!) y, como ha añadido Jim, sea recibida pronto en la Iglesia.



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